El calcio (Ca) y el fósforo (P) son dos macrominerales fundamentales en la producción avícola, tanto de carne como de postura, y ambos requieren suplementación obligatoria.
La harina de carne y huesos se utiliza ampliamente por su bajo costo y porque aporta proteína y aminoácidos esenciales a la formulación, además de ser un ingrediente sostenible. Sin embargo, representa un alto riesgo sanitario, ya que es la principal fuente de patógenos como Salmonella y Clostridium. Por esta razón, no se usa en la alimentación de reproductoras ni cuando se busca un grado sanitario más alto en la crianza, como ocurre en algunos países de destino de exportación.
Además, la harina de carne y huesos se usa mucho en alimentos para mascotas y en acuicultura, lo que tiende a elevar su costo. Por ello, se observa un uso creciente del fosfato dicálcico como principal fuente de P en la producción animal.
El fosfato dicálcico es un ingrediente finito, no sostenible y de alta demanda en la agricultura, con costos en aumento y un riesgo creciente de escasez. Reducir el uso de fuentes de P es un tema central del concepto moderno de gestión ESG, que abarca las cuestiones ambientales, sociales y de gobernanza.
Para reducir el uso de fuentes de Ca y P hay que considerar dos puntos. Uno se refiere a los requerimientos nutricionales de cada categoría animal para cada elemento (Liu et al. 2017). El otro se refiere a la digestibilidad de las fuentes de cada uno, ya sean los granos, las harinas de origen animal o los ingredientes de origen mineral.
Cabe señalar que, en los experimentos con animales, el estudio de un aspecto siempre está íntimamente asociado al otro (Adedokun y Adeola, 2013; Proszkowiec-Weglarz y Angel, 2013).
El estudio de la digestibilidad de estos minerales en las aves es una preocupación reciente. A pesar de su importancia, en la práctica es bastante difícil evaluar con precisión la digestibilidad de cada uno de ellos. Intervienen varios factores al mismo tiempo, como el pH de cada parte del tracto digestivo, la presencia de otros iones, la relación entre Ca y P, la vitamina D, el grado de hidratación, la granulometría, etc. (Adedokun et al. 2014; Rodehutsford et al. 2017; Van Horn et al. 2017).
Si cada uno de ellos no se aborda con cuidado en los experimentos, se obtendrán resultados discrepantes, incluso con digestibilidad negativa. Esto ocurre porque tanto el Ca como el P endógenos también se excretan a lo largo del tracto digestivo, lo que dificulta medir cuánto de cada mineral de fuente exógena fue retenido en el organismo (Yixin, 2021).
Ante estas dificultades, con frecuencia los niveles utilizados en las formulaciones incluyen un cierto margen de seguridad, que garantiza que los niveles disponibles de cada mineral no limiten el máximo desempeño. Como ya se mencionó, el P tiene un alto costo económico y ambiental. El Ca, en cambio, tiene un costo bajo y todavía es abundante en la naturaleza.
Sin embargo, hay cada vez más evidencia de que los niveles excesivos de Ca interfieren negativamente en varias funciones del organismo, incluida la propia absorción del P. Por eso, se busca trabajar con niveles cada vez menores y más precisos de cada mineral (Li et al. 2017).
La eficacia de las fitasas microbianas para liberar el P fítico de las materias primas de origen vegetal, como los granos y las harinas vegetales, es ampliamente conocida. En cambio, el valor exacto de cuánto P y cuánto Ca serán efectivamente aprovechados por los animales aún deja espacio para la discusión, precisamente por la interferencia de varios otros factores.
Este hecho, sumado a la digestibilidad variable de los ingredientes, permite concluir que hay espacio para mejorar la absorción y la retención de Ca y P en las aves, con lo que se reducen los costos de las formulaciones y también el impacto ambiental de su excreción.
Con este objetivo se ha estudiado la tecnología patentada de GFS (Poligrow®). Se trata de un ácido graso de cadena larga, con hidroxilos en sustitución de hidrógeno. Tiene una alta acción emulsionante y, además, actúa como transportadora de Ca y P.
Una vez ionizados por el bajo pH del proventrículo y de la molleja, y liberados del inositol por las fitasas, los iones fosfato y Ca forman complejos con esta tecnología, ya sea por enlace iónico entre el fosfato y el hidroxilo, o por una reacción de saponificación con el carboxilo terminal.
En esta forma de jabones de Ca y fosfolípidos, los iones se absorben por la vía de absorción de lípidos, en micelas que contienen sales biliares, esteroides, mono y diglicéridos y vitaminas liposolubles. Su acción emulsionante incluso mejora la formación de estas micelas, con lo que aumenta la absorción de los lípidos de la dieta y, en consecuencia, su energía metabolizable.
Para validar la acción emulsionante y transportadora de iones de la tecnología y cuantificar su actividad, se realizó un experimento con pollos de engorde en la Granja Santa Lívia, RS. Un total de 770 pollos de engorde se distribuyeron en 5 tratamientos, cada uno con 7 repeticiones de 22 aves.
Se hizo un tratamiento control, formulado con los niveles recomendados por la genética, con una dieta típica brasileña a base de maíz, harina de soja y aceite de soja, y con 2 enzimas exógenas de uso común: fitasa y carbohidrasa. La fitasa se usó a una dosis de 1.000 FTU, con una valorización de 0,15% de Ca y 0,15% de P, y una carbohidrasa a base de xilanasa con una valorización de 50 kcal/kg de energía metabolizable.
Se utilizaron fosfato dicálcico y caliza calcítica como fuentes de P y Ca. Se hicieron otros 3 tratamientos, con reducciones graduales de energía metabolizable (-20, -40 y -60 kcal/kg) e iguales reducciones de Ca y P disponibles de 150% (0,15%). A la dieta con el menor nivel de energía (-60 kcal) se le agregó Poligrow®. Todas las demás condiciones de crianza fueron iguales para todos los tratamientos, distribuidos en un diseño experimental completamente al azar.
El resultado acumulado de ganancia de peso y conversión alimenticia mostró que la adición de Poligrow® a la ración con menores niveles nutricionales permitió un desempeño estadísticamente igual al de una dieta intermedia entre los niveles de -20 y -40 kcal, lo que validó la matriz esperada de 36.000 kcal por kg de la preparación con 20% de la tecnología.
El contenido de materia seca y de cenizas de las tibias de los animales que recibieron la dieta con niveles reducidos de Ca y P y con Poligrow® fue igual al de la dieta control, mientras que los demás tratamientos fueron estadísticamente inferiores al control positivo, lo que validó la matriz de 150% de Ca y 150% de P disponibles.
Además de estos resultados, la cantidad de Ca y P depositada en las tibias de los animales tratados fue superior a la de los demás tratamientos. Esto se debe probablemente a que la mayor disponibilidad de P permitió una mayor formación de hidroxiapatita frente a carbonato de Ca. Esta formación es particularmente importante en los pollos de engorde, para la resistencia ósea, especialmente de los huesos largos de las patas (Leeson, 2012).
En las aves de postura (ponedoras y reproductoras), la mayor deposición en la formación del hueso medular, necesario para la formación de la cáscara del huevo, permitirá menos defectos relacionados con la calidad de la cáscara y una mayor longevidad de la producción.
Estos resultados nos llevan a concluir que el uso de este emulsionante, asociado a dosis normales de fitasa exógena, permite reducir los niveles de fuentes de Ca y P en las dietas de aves de producción (pollos de engorde y reproductoras pesadas), según la matriz propuesta de 36.000 kcal de EM, 150% de Ca y 150% de P disponibles por kilo de una preparación con 20% de Poligrow®.
Autores:
José Luciano Andriguetto, Médico Veterinario, Ph.D. en Nutrición Animal, Profesor del Departamento de Zootecnia de la UFPR
André Favero, Zootecnista, Posdoctor en Zootecnia, Administrador y Coordinador de Granja Santa Lívia Produção e Pesquisa Agropecuária Ltda